
Journal of Business
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zona realmente puedan ser vistas como un destino viable
en el proceso de relocalización productiva, en esencia
son: a) infraestructura adecuada, b) fortaleza institu-
cional, c) marcos normativos pertinentes, d) estabilidad
política, e) políticas de I+D y f) seguridad nacional.
Las CGV representan una forma de organizar la produc-
ción a escala internacional, en la que actividades como
el diseño, la manufactura, el ensamblaje, la logística y
la comercialización se distribuyen entre distintos países
de acuerdo con sus capacidades, costos y condiciones
de mercado. Este modelo se expandió impulsado por
la búsqueda de eciencia, reducción de costos y mayor
rentabilidad, fortaleciendo la interdependencia entre
empresas, proveedores y mercados de diferentes regiones
(Gere et al., 2005; Gere, 2018; Gere & Fernán-
dez-Stark, 2016).
No obstante, participar en las CGV no garantiza que
los benecios se distribuyan de manera equitativa,
mientras algunas naciones concentran actividades de
mayor valor agregado, otras permanecen vinculadas a
la manufactura, el ensamblaje o la extracción de recur-
sos naturales. Por ello, la integración a estas cadenas
puede generar inversión, empleo y exportaciones, pero
no necesariamente implica transferencia tecnológica,
escalamiento productivo o una mayor apropiación
local del valor. En este sentido, resulta fundamental
analizar no solo cuánto participa una economía en las
CGV, sino también qué actividades desarrolla y qué
capacidades logra construir.
Esta situación es especialmente relevante para América
Latina, donde la integración a las CGV puede impulsar
la industrialización, pero también generar dependencia
tecnológica, especialización en actividades de menor
valor agregado y una mayor presión sobre los recursos
naturales. Por ello, las CGV no deben verse como un
mecanismo de desarrollo, ya que sus resultados depen-
den de la posición que ocupan los países dentro de la
cadena, de sus capacidades productivas e institucionales
y de las posibilidades de avanzar hacia actividades de
mayor valor agregado (Gere et al., 2005; Gere &
Fernandez-Stark, 2016).
Si a esta discusión se incorpora la dimensión ambiental,
la fragmentación productiva puede favorecer la eciencia
y la adopción de tecnologías más limpias, pero también
trasladar actividades intensivas en energía, materiales y
recursos naturales hacia territorios con menores capaci-
dades regulatorias. De ahí la importancia de distinguir
entre environmental upgrading, asociado con mejoras en
el desempeño ambiental, y el environmental downgra-
ding, relacionado con la generación o traslado de mayo-
res cargas ambientales dentro de las cadenas (Krishnan et
al., 2023). La evidencia muestra que estos efectos no son
uniformes. Para América Latina, este escenario plantea
un desafío adicional, asociado al aprovechamiento de la
relocalización productiva sin reproducir esquemas de
especialización basados exclusivamente en bajos costos
o en la explotación de recursos naturales. La transición
hacia el
nearshoring
y el
friendshoring
puede representar
una oportunidad para elevar el valor agregado y fortale-
cer las capacidades productivas regionales, pero requiere
políticas que promuevan innovación, transferencia tec-
nológica y un uso más eciente de los recursos.
Las CGV son uno de los principales mecanismos de
integración económica internacional, ya que permiten
fragmentar los procesos productivos entre distintas
naciones, partiendo de sus ventajas competitivas. Las
CGV, permiten a las empresas multinacionales distri-
buir las etapas de diseño, manufactura, ensamblaje y
comercialización en diversas regiones del mundo con
el propósito de maximizar eciencia y competitividad
(Gere, 2018). No obstante, las contingencias globales,
han evidenciado que la estrategia original basada en
bajos costos, se acompaña de una elevada vulnerabili-
dad ante las externalidades globales. La pandemia por
el COVID-19, puso en evidencia el elevado riesgo que
implica para una empresa, la dependencia en torno de
proveedores y centros manufactureros concentrados
regionalmente; disrupciones como el cierre de fronteras,
la escasez de insumos estratégicos, la interrupción en
transportes marítimos, entre otras, afectaron conside-
rablemente a la industria global, generando pérdidas
económicas signicativas; bajo el planteamiento de
Pla-Barber et al. (2021), la pandemia de COVID-19
discutió algunos de los supuestos fundamentales sobre
los que se habían CGV, armando que la empresas
multinacionales deberán replantear la gobernanza y
conguración de sus cadenas de suministro para incre-
mentar su resiliencia.
Otro suceso que aceleró la relocalización de la pro-
ducción, son las constantes tensiones comerciales
entre las dos naciones que más se disputan la hegemonía
mundial. Lo que ocurre entre Estados Unidos y China
impacta en todos los ámbitos de la economía global.
La imposición de aranceles, restricciones tecnológicas
y políticas de seguridad económica incentivó a muchas
empresas a diversicar sus cadenas de suministro para
disminuir riesgos geopolíticos y reducir la dependencia
de mercados considerados estratégicamente vulnerables
(Organización Mundial del Comercio [OMC], 2023).