
Journal of Business
and Higher Education
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Introducción
El taller proyectual de arquitectura ha operado históri-
camente como un espacio de aprendizaje situado donde
el conocimiento se produce en la acción, mediante itera-
ciones, debate y evaluación pública. En tanto pedagogía
de rma, el taller no solo transmite técnicas, sino modos
de juicio disciplinar, formas de pertenencia profesional
y criterios de legitimidad que se actualizan en cada
instancia de crítica (Shulman, 2005). Esa centralidad,
sin embargo, conlleva una tensión constitutiva: el juicio
crítico, indispensable para formar criterio, puede devenir
un vector de estrés cuando se percibe como amenaza
identitaria, sanción opaca o performance frente a pares
(Anthony, 1991). En estas escenas, el clima emocional no
funciona como un ‘contexto’ externo, sino como condi-
ción de posibilidad para que el disenso sea formativo y no
se traduzca en defensividad, retraimiento o silencio. La
seguridad psicológica resulta decisiva, porque modula la
disposición a preguntar, equivocarse y responder sin te-
mor a humillación, y por tanto, incide directamente en la
calidad argumentativa de la crítica (Edmondson, 1999).
De forma convergente, el estrés se comprende como una
transacción entre demandas y recursos percibidos, inten-
sicándose cuando la evaluación es pública y los criterios
se experimentan como ambiguos o inestables (Barsade,
2002; Lazarus & Folkman, 1984).
La crítica constituye una ecología de interacciones atra-
vesada por relaciones de poder, autoridad y expectativas
implícitas. Aunque favorece el aprendizaje y la socializa-
ción disciplinar, también puede reproducir jerarquías y
estilos comunicativos que no siempre se reconocen como
criterios académicos (Dutton, 1991). Su valor formativo
depende, por ello, de la claridad con que se justican las
observaciones y se vinculan con acciones vericables.
Una retroalimentación vaga, personalizante o perfor-
mativa intensica el estrés y debilita la participación; en
cambio, aquella sustentada en criterios comprensibles
promueve autorregulación y aprendizaje profundo
(Ajjawi & Boud, 2017; Hattie & Timperley, 2007; Nicol
& Macfarlane-Dick, 2006). La alfabetización en retroali-
mentación permite, además, que el estudiante interprete,
discuta y utilice la crítica como recurso para revisar su
proyecto, en lugar de asumirla como un juicio inapelable
(Carless & Boud, 2018).
En modalidades híbridas y digitales, la crítica deja de
concentrarse en el encuentro presencial y se distribuye
entre intercambios sincrónicos y asincrónicos. Esta me-
diación favorece la continuidad y el registro del proceso,
pero también puede generar sobrecarga, fragmentación
y debilitamiento del sentido de comunidad (Crowther,
2013; Garrison et al., 2000; Morkel & Cronjé, 2022). Su
aporte pedagógico depende de una organización que ar-
ticule criterios compartidos, reglas de interacción y opor-
tunidades de réplica argumentada. Cuando disminuye la
presencia social, la participación formal no impide que
surjan experiencias de aislamiento o dicultades para
sostener la identidad académica del grupo (Hasirci et al.,
2023; Ozorhon & Lekesiz, 2021). La cuestión central no
consiste, entonces, en trasladar la crítica a una platafor-
ma, sino en rediseñar sus condiciones para que el registro
digital funcione como memoria formativa de decisiones
y no como acumulación de observaciones inconexas.
La evidencia empírica disponible conrma que la
tecnología modica la exposición, la participación y la
recepción de la retroalimentación, aunque sus efectos
dependen del diseño pedagógico. La revisión diferida, el
registro escrito y la evaluación entre pares pueden reducir
el nerviosismo y favorecer una apropiación reexiva de los
comentarios. Por el contrario, las dicultades técnicas,
la interacción fragmentada y la escasa presencia social
pueden acentuar el aislamiento (Hasirci et al., 2023;
Morkel & Cronjé, 2022; Ozorhon & Lekesiz, 2021).
Fleischmann (2025) muestra que la retroalimentación
anónima entre pares y la conservación de los registros
convierten la crítica en una memoria revisable, disminu-
yen la presión de responder inmediatamente y permiten
recuperar decisiones proyectuales que podrían perderse
en la oralidad presencial.
Con esta premisa, el análisis se concentra en el Taller de
Diseño Arquitectónico V y recupera tres antecedentes
empíricos: a) la implementación de un entorno híbrido
sustentado en Moodle, redes colaborativas y recursos
multimedia; b) la organización de una secuencia ADDIE
articulada con los principios de Merrill; y c) el examen
de la ecología pedagógica del taller desde la mediación
docente, la agencia estudiantil y el diseño instruccio-
nal (Branch, 2009; Merrill, 2002; Oporto Berrios,
2025, 2026; Oporto Berrios & Oporto Rosso, 2025).
El objetivo general es analizar la relación entre clima
emocional, estrés y crítica académica en este taller bajo
modalidades híbridas y digitales, con el propósito de
formular un protocolo socioemocionalmente informado
que oriente la retroalimentación proyectual. Para ello,
se interpretan los rasgos emocionales asociados con la
interacción crítica, las fuentes de estrés vinculadas con
las temporalidades, la evaluación y la exposición pública,
así como las condiciones pedagógicas necesarias para
compatibilizar cuidado socioemocional, exigencia pro-